DAVID WILKERSON
MANTENIENDO UNA VIDA DE ORACIÓNYo debo mantener una vida de oración para poder superar la sequedad
espiritual. ¿Por qué no oramos como deberíamos de hacerlo? Sabemos que todas
nuestras cargas pueden ser levantadas cuando nos encerramos con él. La voz del
Espíritu Santo nos sigue llamando a la oración, “¡Ven!”
Venga al agua que satisface a la sed del alma. Venga al Padre, que se compadece
de sus hijos. Venga al Señor de la vida, el cual promete perdonar cada pecado
cometido. Venga a Aquél que rehúsa condenarlo o abandonarlo o esconderse de
usted.
Podemos tratar de escondernos de Dios debido a culpa o condenación, pero él
nunca se esconde de nosotros. Venga confiadamente a su trono de la gracia, aún
cuando usted haya pecado y fallado. Él perdona al instante a aquellos que se
arrepienten con una tristeza devota. Usted no tiene que pasar horas ni días en
remordimiento y culpa, ni tiene que ganarse nuevamente su favor de vuelta. Vaya
al Padre, doble sus rodillas, abra su corazón, y derrame su agonía y dolor.
Cuéntele a él su soledad, su sentimiento de abandono, sus miedos y sus
errores.
Tratamos de hacer cualquier cosa menos orar. Leemos libros, buscamos fórmulas
y guías. Buscamos amigos, ministros, y consejeros, buscando en todos lados una
palabra de aliento o de consejo. Buscamos mediadores y nos olvidamos de aquél
Mediador que tiene la respuesta para todo.
Nada disipa la sequedad y el vacío tan rápidamente como una hora o dos de
estar encerrados con Dios. Nada puede tomar el lugar de orar al Padre en ese
lugar secreto y apartado. Esa es la solución para cada época seca.
“Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, ríos sobre la tierra seca. Mi
espíritu derramaré sobre tu descendencia, y mi bendición sobre tus
renuevos” (Isaías 44:3).
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